Sobre la presentación de “Una tempestad” de Aimé Césaire en el Recinto de Cayey, UPR

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por Yamila Bauzá

Díganle a Calibán! el de Aimé Césaire que no se calló nunca y luego que desapareció resonaba su voz “Ujuru”, “Ujuru”, !LIBERTAD!

Los primeros días de mayo la organización estudiantil Café Teatro adscrita al Departamento de Humanidades del Recinto de Cayey de la Universidad de Puerto Rico llevó a cabo una representación de la obra de Aimé Césaire “Una Tempestad” (publicada en París como “Une tempête” en 1969 y traducida al español en 1971 por Barral Editores). Para suerte mía y de algunos de mis estudiantes estábamos analizando en clase algunos capítulos del libro de Frantz Fanon titulado “Piel negra, máscaras blancas”. Así que fue este el mejor pretexto para seguirle la pista a nuestro pensador de turno. Ahora tendríamos la oportunidad de saber más sobre la dialéctica blanco-negro que de acuerdo a Fanon había terminado por crear una psicopatología en los antillanos y en los demás descendientes de africanos habitantes de países coloniales. La puesta en escena constituyó un gozo y con suerte una potente llamada interior para el pedazo de Calibán y Calibana que todos tenemos dentro; así, una genuina catarsis.

 unatempestad2Aimé Césaire, martiniqueño como Fanon y cabecilla en el Caribe del movimiento literario e ideológico de la Negritudé, emprende en esta obra una relectura de la obra de William Shakespeare “The Tempest”. Su lectura anticolonialista aporta especial vigor al personaje de Calibán en este caso un esclavo africano habitante de una isla en el Caribe.  Calibán aunque cautivo del sistema capitalista de producción instalado por el advenedizo europeo Próspero, no cesa de renegar por su espacio en la dialéctica. Lucha ferozmente al recordar cada día a Próspero que aunque sometido por su fuerza y magia; reconoce claramente sus estrategias.

Me motiva escribir esta reseña varias razones, entre ellas la arrasadora posibilidad que aportan las artes a la vida educativa. Aunque es complejo tratar de sensibilizar hoy día a los estudiantes acostumbrados a la necesidad de lo inmediato, lo concreto y lo aparentemente útil; siempre encuentro una minoría (casualmente casi todas mujeres) despierta y presta a darse un chapuzón en la belleza de los ecos de la cultura. Es una suerte cuandocuando la discusión en clase halla pertinencia  y expresión en otros espacios. En este caso en el mundo del teatro donde elementos como el movimiento, el sonido y la luz vigorizan las ideas que trato de discutir en clase.

Logré reír y en pequeños instantes hasta llorar a lo largo de las dos horas de duración en un espacio de teatro experimental llamado “Casa de Histriones”. Una caja negra sin ventilación que en el contexto del Caribe bien pudiera verse como una especie de cámara de tortura. Pero eso no importaba puesto allí había gente “haciendo universidad”, unos obligados por los profesores, otros entusiasmados mientras le daban pertinencia y sentido a la misma Universidad. Esa universidad que tanto sentimos quebrantada y en peligro de extinción en momentos como éstos recupera su propiedad y sentido.

Otra potente razón para reseñar en esta ocasión es la discusión de lo caribeño y su realidad socio-cultural y política poscolonial. Sabemos todos este es problema concreto pero cuando se enfoca en lo personal e incluso espiritual, luce por lo general como un tema desgastado. Aparece como un territorio fecundo en algún momento histórico cuando figuras de la política y de las Artes realizaron aportaciones que en su momento robustecieron una ideología, más bien de izquierda. Bien pudiera ser esa una de las posibles causas de la falta de arraigo del tema, profundo y político por demás. Los elementos de la cultura popular, la tecnología y la economía parecen insistir en limitar la búsqueda de ideas sólidas donde asentar la vida colectiva y personal. Calibán constituye también la voz interna que lucha no sólo contra una realidad política, sino también contra los influjos del mundo material de la acumulación de cosas y la nimiedad. Calibán es el sujeto que espiritual e intelectualmente está preparado para resistir porque también reconoce la posibilidad de la esperanza elaborada desde su persistencia.

Precisamente es eso es lo que hace grande a la obra que aquella noche resurgió en todas sus dimensiones en el espacio mágico que crea el Teatro. Un aspecto curioso y muy importante fue que los papeles protagónicos de tanto Próspero, como Calibán y Ariel fueron interpretados por mujeres. Esa transgresión y las actuaciones estupendas en el contexto del teatro universitario puertorriqueño impulsaron la calidad de la catarsis de la que vengo hablando. No estoy segura si solamente la experimentaron ese pequeño grupo de chicas que regresaron a clase francamente entusiasmadas con la obra, y por supuesto yo la profe por lo general tratando de hacer mi mejor esfuerzo; pero si así fue, valió la pena. Si en ese espacio oscuro y maravilloso de la “Casa de Histriones” en UPR Cayey, Calibana nos pudo infundir fortaleza y así un sentido estético a la vida, no dudo en reafirmar una vieja frase que sobrevive naufragio tras naufragio:  !qué vivan los estudiantes, las Artes y la Universidad!

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Yamila Bauzá got her Ph.D from the Puerto Rican Studies Program at the American Studies Department in the State University of NY at Buffalo in 1997. Her research and writing gravitate around these topics: construction of gender and the caribbean, postcolonial theory, religious syncretism in the Caribbean and e-learning, among others. Since 1998 she teaches courses on Western Civilization and Cultural Theory at the University of Puerto Rico at Cayey.

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